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La Catedral de Girona, con su imponente presencia y rica historia, es mucho más que un simple monumento religioso. Desde sus orígenes en el primer asentamiento cristiano hasta su impresionante fachada barroca del siglo XVIII, cada piedra de esta catedral cuenta una historia de fe, resistencia y arte. Lo que muchos no saben es que detrás de sus muros se esconden secretos de conquistas y reconquistas, decisiones arquitectónicas audaces y transformaciones que han marcado cada etapa de su existencia.

Imagina caminar por un templo que ha sido testigo de siglos de cambios culturales y políticos. Desde la invasión musulmana hasta la intervención de Carlomagno, la catedral ha sido un símbolo de resiliencia y devoción. En este artículo, desentrañaremos cada uno de estos capítulos históricos, explorando cómo las decisiones tomadas en diferentes épocas han dado forma a este majestuoso edificio.

A medida que avanzamos, descubrirás cómo la combinación de estilos románico, gótico y barroco no solo embellece la estructura, sino que también refleja la evolución de la fe y el arte a lo largo de los siglos. Desde la construcción del claustro en el siglo XI hasta la audaz decisión de construir una nave única en el siglo XV, cada etapa de la catedral nos ofrece una ventana al pasado.

Quédate con nosotros para conocer los detalles intrigantes y las historias ocultas de la Catedral de Girona, un viaje que te llevará a través del tiempo y te permitirá apreciar la grandeza y la complejidad de uno de los monumentos más emblemáticos de Cataluña.

Orígenes y fundación de la catedral de Girona

El origen de la catedral de Santa María de Girona se remonta a los primeros asentamientos cristianos en la región. Durante los primeros siglos del cristianismo, Girona se estableció como un importante centro religioso. El punto de partida fue una iglesia dedicada a Santa María, que se construyó sobre el lugar donde anteriormente se ubicaba un templo romano.

La iglesia original de Santa María fue el primer gran edificio de culto cristiano en Girona. Su construcción fue fundamental para consolidar la presencia cristiana en la ciudad. En paralelo, se erigió el santuario de San Félix, destinado a honrar al mártir diácono San Félix, cuya tumba se encontraba cerca de la muralla de la ciudad. Este santuario rápidamente se convirtió en un lugar de peregrinación y devoción, lo que reforzó aún más la importancia religiosa de Girona.

Durante la invasión musulmana, la iglesia de Santa María fue convertida en una mezquita mayor en el año 717. Esta transformación duró hasta que los francos, bajo el liderazgo de Carlomagno, reconquistaron Girona en el 785, devolviendo el templo a la fe cristiana. Tras la reconquista, se realizó una nueva consagración de la iglesia en el año 908, restableciendo su uso original y reafirmando su relevancia espiritual para la comunidad cristiana local.

La catedral de Santa María y el santuario de San Félix no solo fueron centros de culto, sino también de resistencia cultural y espiritual frente a las invasiones. La historia temprana de la catedral está marcada por estas dinámicas de conquista y reconquista, que reflejaron la tenacidad y la fe de la comunidad cristiana de Girona.

Conquista árabe y reconquista

En el año 717, durante la expansión musulmana en la península ibérica, Girona fue conquistada por las fuerzas árabes. La iglesia de Santa María fue convertida en la mezquita mayor de la ciudad, transformando el principal lugar de culto cristiano en un centro de oración islámico. Esta conversión representó un cambio significativo en la estructura religiosa y cultural de Girona, marcando una época de dominación musulmana.

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La presencia musulmana en Girona duró hasta el año 785, cuando la ciudad fue reconquistada por los francos bajo el liderazgo de Carlomagno. La reconquista de Girona fue parte de una serie de campañas militares emprendidas por Carlomagno para recuperar los territorios ocupados por los musulmanes y restaurar el cristianismo en la región. La expulsión de los árabes permitió la restauración de la iglesia de Santa María a su propósito original.

La reconquista por los francos tuvo un impacto duradero en la configuración religiosa de Girona. La iglesia de Santa María fue reconsagrada como catedral, reafirmando su importancia como centro espiritual y administrativo. Este evento marcó el comienzo de una nueva era para la catedral, que continuó desarrollándose y expandiéndose en los siglos siguientes. La intervención de Carlomagno no solo restauró el control cristiano, sino que también fortaleció la presencia política y militar franca en la región.

Desarrollo medieval de la catedral

En el año 882, se formó la primera comunidad de canónigos en Girona, un paso crucial para la organización eclesiástica y la vida religiosa de la ciudad. Esta comunidad se estableció con el propósito de revitalizar la práctica religiosa y gestionar de manera más eficiente los asuntos de la catedral. La formación de esta comunidad marcó el comienzo de una estructura clerical organizada que supervisaría las funciones litúrgicas y administrativas del templo.

La comunidad de canónigos desempeñó un papel vital en la reconsagración de la iglesia de Santa María. En el año 908, se llevó a cabo la consagración de la iglesia, un evento que reafirmó su estatus como el principal lugar de culto cristiano en Girona. Esta consagración simbolizó la consolidación del cristianismo en la región tras las turbulencias de las conquistas y reconquistas anteriores.

Durante este periodo, la catedral experimentó varias modificaciones y ampliaciones para acomodar a la creciente comunidad de fieles. La consagración en 908 también significó el establecimiento de la iglesia como sede episcopal, fortaleciendo su importancia dentro de la jerarquía eclesiástica.

El desarrollo de la comunidad de canónigos facilitó una mayor estabilidad y continuidad en las prácticas religiosas. Los canónigos eran responsables de la educación religiosa, la administración de los sacramentos y el mantenimiento del edificio de la catedral. Su presencia aseguró que la catedral no solo funcionara como un lugar de culto, sino también como un centro de aprendizaje y formación espiritual.

Etapas románicas (siglos XI-XII)

Vista área de la Torre de Carlomagno

Vista área de la Torre de Carlomagno

La construcción de la catedral de Santa María de Girona experimentó un importante desarrollo durante las etapas románicas, abarcando los siglos XI y XII. Uno de los hitos más destacados de este periodo fue la edificación del claustro y la torre de Carlomagno en 1040. Estos elementos no solo añadieron valor arquitectónico al complejo, sino que también consolidaron su importancia religiosa y cultural.

El claustro de la catedral es una de las piezas románicas más significativas, con una planta trapezoidal que se adapta a la topografía del lugar. Los capiteles del claustro están ricamente decorados con motivos vegetales, figuras humanas y escenas bíblicas, reflejando la maestría artística de la época. Esta estructura servía como un espacio de meditación y reunión para los canónigos, integrando funcionalidad y belleza en su diseño.

La torre de Carlomagno, construida en el mismo periodo, se erige como un símbolo de la resistencia cristiana y la reconquista. Esta torre, que formaba parte del sistema defensivo de la catedral, ofrecía protección y vigilancia, reforzando la seguridad del complejo eclesiástico.

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Otro momento crucial en las etapas románicas fue la colocación de la primera piedra en 1015. Este acto simbólico marcó el inicio de una serie de obras significativas que se extenderían hasta 1117. Bajo la dirección de arquitectos y maestros constructores de renombre, se llevaron a cabo numerosas ampliaciones y mejoras en la estructura existente.

Entre las obras más destacadas de este periodo se encuentran las modificaciones en la cabecera de la iglesia y la construcción de nuevas capillas. Estas adiciones no solo mejoraron la funcionalidad del espacio litúrgico, sino que también enriquecieron el patrimonio artístico y arquitectónico de la catedral. Las nuevas estructuras fueron diseñadas para soportar el crecimiento de la comunidad cristiana y para proporcionar un entorno adecuado para las ceremonias religiosas.

Transición al gótico (siglos XIII-XV) de la catedral de Girona

Uno de los momentos clave del periodo gótico fue el proyecto iniciado por Enrique de Narbona en 1312. Este ambicioso proyecto buscaba ampliar y embellecer la catedral, adaptándola a las nuevas corrientes arquitectónicas de la época.

Enrique de Narbona fue responsable de la planificación inicial de la nueva cabecera gótica, que incluía una girola y nueve capillas radiales. Este diseño permitía un mayor flujo de peregrinos y mejoraba la funcionalidad del espacio litúrgico. Tras su fallecimiento, varios arquitectos destacados continuaron con las obras, cada uno aportando su visión y habilidades únicas al proyecto.

Jaime Faverán tomó el relevo tras la muerte de Enrique de Narbona, supervisando la construcción de las capillas radiales y la ampliación de la cabecera. Guillermo Cors y Francisco Saplana se sumaron al proyecto, trabajando en la elevación de los muros y la construcción de bóvedas, consolidando la transición al estilo gótico.

Pedro Sacoma, a partir de 1347, dirigió la finalización de la cabecera, asegurando que los nuevos elementos arquitectónicos se integraran armoniosamente con las estructuras existentes. Su trabajo culminó con la consagración de la nueva cabecera, que se convirtió en un ejemplo destacado de la arquitectura gótica catalana.

Guillermo Monry continuó con la ampliación del tramo del coro, completando la estructura principal en 1368. Su contribución fue esencial para la finalización de la nave gótica, que sería conocida por su notable anchura y altura. La colaboración de estos arquitectos permitió la creación de un espacio monumental, capaz de albergar grandes congregaciones y eventos religiosos.

La transición al gótico no solo implicó cambios estéticos, sino también avances en la ingeniería y la construcción. La catedral de Santa María de Girona se benefició de técnicas innovadoras, como el uso de arbotantes y bóvedas de crucería, que permitieron estructuras más altas y ventanas más grandes, inundando el interior con luz natural.

Nave única (1417-1600)

nave única de la Catedral de Girona

Des de el cielo se puede apreciar la nave única de la Catedral de Girona

En 1417, se tomó una de las decisiones arquitectónicas más audaces en la historia de la catedral de Santa María de Girona: la construcción de una única nave gótica. Este proyecto, que desafiaba las convenciones de la época, resultó en la creación de la nave gótica abovedada más ancha del mundo, con una anchura de 23 metros.

La idea original era construir la catedral con tres naves, siguiendo el modelo tradicional de las iglesias góticas. Sin embargo, el Capítulo de la Catedral decidió reunirse con maestros de obra y expertos para evaluar la posibilidad de una única nave. La decisión final fue adoptar un diseño innovador que destacaría por su monumentalidad y su singularidad.

La construcción de la nave única se inició con la ampliación del coro y la integración de la nueva estructura con la planta románica preexistente. Esta decisión no solo fue un desafío técnico, sino también una declaración de la ambición arquitectónica de la época. La nave única de la catedral de Girona alcanzó una altura de 34 metros, convirtiéndose en un espacio imponente y reverente.

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El arquitecto Guillermo Bofill jugó un papel crucial en la realización de este proyecto. Su conocimiento técnico y su visión artística permitieron superar los desafíos estructurales que implicaba construir una nave tan ancha y alta. Bofill no llegó a ver la obra finalizada, ya que el último tramo de la nave se completó en el siglo XVI bajo la dirección de otros maestros.

La decisión de construir una única nave respondió no solo a criterios estéticos, sino también prácticos. Un espacio amplio y sin columnas centrales permitía una mayor congregación de fieles y una mejor visibilidad durante las ceremonias. El resultado fue un interior diáfano y luminoso, que destacaba por su armonía y grandiosidad.

La nave única de la catedral de Girona es un testimonio del ingenio y la innovación de los arquitectos medievales. Este espacio se convirtió en un icono de la arquitectura gótica catalana, atrayendo la admiración de visitantes y estudiosos por igual. La estructura audaz y la ejecución precisa de este proyecto reflejan la capacidad de la época para combinar funcionalidad y belleza en un solo diseño.

Finalización barroca (siglo XVIII)

escalinata catedral girona

La escalinata de la catedral de Girona en la famosa escena de Juego de Tronos

En el siglo XVIII, la catedral de Santa María de Girona experimentó una serie de cambios significativos que culminaron en la finalización barroca de la fachada y la escalinata. Este periodo fue crucial para dotar al edificio de su aspecto actual, fusionando estilos y añadiendo elementos decorativos que destacan por su magnificencia.

La construcción de la fachada barroca comenzó en 1730, transformando la imagen exterior de la catedral. Este proyecto fue concebido para proporcionar una entrada monumental que reflejara la importancia y la grandeza del edificio. La fachada está dividida en tres cuerpos, adornados con columnas, nichos y estatuas que aportan una riqueza visual incomparable.

El diseño de la fachada incluyó la creación de un gran óculo central, rodeado de decoraciones florales y figuras religiosas. Este elemento no solo aporta luminosidad al interior de la catedral, sino que también se convierte en un punto focal que capta la atención de los visitantes. La integración de estos detalles es un claro ejemplo de la habilidad artística y arquitectónica del barroco.

Junto a la fachada, se construyó una escalinata imponente que conecta la plaza con la entrada principal de la catedral. Esta escalinata, terminada en 1607, consta de 90 escalones distribuidos en tres tramos, separados por amplios rellanos. La escalinata barroca es uno de los elementos más emblemáticos de la catedral, utilizada frecuentemente para eventos culturales y como escenario en producciones cinematográficas y televisivas.

La fachada barroca y la escalinata no solo realzan la belleza arquitectónica de la catedral, sino que también sirven como un poderoso símbolo de la fe y la historia de Girona. La combinación de estos elementos barrocos con la estructura gótica preexistente crea un contraste visual que enriquece la experiencia de los visitantes.

Los escultores locales Josep M. Bohigas, Antoni Casamor, Jaume Busquets y Domènec Fita fueron los responsables de completar las esculturas monumentales que adornan la fachada. Estas obras, finalizadas en 1961, contribuyen a la majestuosidad del conjunto arquitectónico y aseguran la continuidad del legado artístico de la catedral.

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